Historia

    La localidad de Castilblanco de Henares se encuentra ubicada entre los límites de las comarcas naturales de la Alcarria, la Campiña del Henares y la Sierra Norte de Guadalajara, y pertenece al ayuntamiento de Jadraque desde 1960. Está situada al final de la fértil vega del rio Cañamares, en el margen derecho, junto a la desembocadura del Henares, con pequeños cerros a su alrededor, como el de San Cristóbal o el Pendolero. En la ribera del rio cuenta con un frondoso bosque de chopos (Populus x euramericana) que se asientan bajo un sustrato de yeso, al igual que parte de la comarca. De su color blanquecino viene el nombre de Castilblanco.

    Hasta hace algunos años se alzaba en lo alto del llamado cerro Pendolero los restos de una torre vigía o "sajra" andalusí que los lugareños llamaban "El Castillejo". Esta construcción se levantaría durante los primeros años de la Reconquista por parte de los árabes para el control del valle de Cañamares en su unión con el Henares.  Debemos tener en cuenta la situación estratégica del enclave, pues se localiza entre las plazas de Guadalajara y Atienza, tan destacadas en la reconquista cristiana. El citado castillejo, construido con las piedras de yeso de la región (de ahí también el nombre local de Castilblanco) servía además de torre de comunicaciones intermedia entre otro torreón situado más al norte en el valle del Cañamares y el poderoso Castillo de Jadraque.

    Su historia, tras la Reconquista, es común a la de otros pueblos cercanos, como Jirueque o Pinilla de Jadraque. Formo parte, en un primer momento, del común de Atienza. A principios del siglo XIV se dio la que se viene llamando "revolución nobiliaria" en la que se produjo la descomposición del sistema de Villa y Tierra, dando lugar a los señoríos nobiliarios. Esto ocurrió con la tierra de Atienza. En 1432 la nieta de Pedro I El Cruel, doña María de Castilla, se casó con Gómez Carrillo, camarero del rey. Por el cariño que sentían hacia ella, doña María de Aragón, junto con su marido Juan II, decidieron otorgarle una dote como regalo de bodas. Para ello Juan II separo de la tierra de Atienza cuarenta y cuatro aldeas, entre las que se encontraba Castilblanco, para crear un señorío nobiliario con Jadraque como cabeza visible. Dividió estos enclaves en dos sexmas que llamo del Henares y del Bornova, aludiendo a los ríos que discurren por sus términos. Castilblanco fue incluido en la Sexma del Bornova. La familia Mendoza se hizo con ella más tarde y hasta el siglo XIX estuvo bajo su dominio.